Acamonchi Art Studio /
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El trabajo de Gerardo Yépíz se ha caracterizado por fusionar elementos y personajes de la cultura popular con sistemas de propaganda que, aunque no masiva, si ha tenido un nivel de penetración considerable dentro de un cierto circuito. Son ya legendarias sus calcomanías satirizando al recientemente fallecido Raúl Velasco (¿Volverá?) y al también desaparecido Luis Donaldo Colosio, que en la citada imagen amenazaba con regresar a vengar su trágica muerte. Así pues, de la calcomanía al esténcil pasando por el póster el trabajo de Acamonchi se caracterizaba por un mensaje directo e hilarante, ambiguo y desenfadado; una antipublicidad bastante conveniente en función de una sociedad que pocas veces repara sobre lo que ven sus ojos. En la obra que ha venido realizando durante los últimos tiempos se advierte una exploración distinta. Parece más cercano a una búsqueda pictórica formal, donde la serigrafía, el dibujo y la mancha conviven en una cancha donde los mensajes se contienen como evitando definirse. Queda claro sin embargo que algunos elementos recurrentes en este nuevo trabajo podrían en su conjunto darnos una pista sobre aquello que busca. Tal vez una referencia al tiempo; al recorrido que un compás ejerce sobre un mapa. Una definición del Soy y estoy. Después de todo un trazo es eso: una ruta a ningún lado y materia que se desgasta en el camino como los neumáticos de un camión de carga. O pensemos en troncos que en su anillado corazón definen una espiral en expansión. Líneas de tiempo; dibujos escondidos hasta que el hacha corta de tajo el cuerpo vivo para volverlo mesa, silla, leña, papel, lápiz, carbón. Y al final, polvo.
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